No necesito sus abrazos por la noche, ni el beso matutino antes de ir a trabajar.
Tampoco la caricia en la espalda al volver a casa, ni mucho menos el reposo de su mano en mi pecho para dormir.
No lo necesito y sin embargo lo quiero, lo deseo tanto como nunca antes deseé algo.
De verdad estábamos destinados a ser y no forzamos al destino? Quiero pensar que esos 8 años sí nos los debíamos de alguna vida atrás, sí eran para nosotros y abrimos una puerta de luz a la estrella más bonita que ahora está en forma de un niño.
No sé qué sigue ni que hacer, voy por un lapso en stand by y espero despertar ya.
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